Con esa extraña manía, que guardo desde la infancia, de personificar cosas, imagino la indignación que debe de sentir esa pequeña ola que marca una diferencia.
Y es que un Ñu, sería un Nu sin su virgulilla (¿qué animal querría llamarse Nu, que suena a ninguno?); no nos apaÑaríamos con ciertas cosas, nos apaNaríamos (que a mí me recuerda a estar empanados); tampoco ordeÑaríamos a las vacas, las ordeNaríamos..., que, oiga, nunca está de más tener las vacas organizadas (que se lo digan a los ganaderos).
El paÑal de un bebé sería un paNal... ¿Comeríamos miel en ese caso, o comeríamos miel-da? Espero que me perdonéis la vulgaridad, pero es que se me ha puesto a huevo la bromita.
Las caÑas peinarían de gris los campos llenos de caNas; Las monedas no se acuÑarían, las acuNaríamos con mucho cariño y protección ( y es que poderoso caballero es don dinero, es necesario que lo mimemos porque tal y como viene se va. De eso no hay duda).

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