lunes, 12 de mayo de 2025

CANDY CANDY

 Este es el momento en el que más de una persona me catalogue de cursi.

¿Candy, en serio? La mayoría de adultos de mi generación recordaran a este personaje por la serie de dibujos (lacrimógena, no nos vamos a engañar), aunque dudo que muchos sepan el origen de la serie.

La historia nació en 1975, su autora fue la japonesa Kyoko Mizuki y la ilustró Yumiko Igarashi.

A pesar de que la historia conocida es la de la vida de una niña huérfana que lucha por ser querida y aceptada en un entorno donde no acaba de encajar, lo cierto es que la historia original es algo más oscura que todo esto, con traiciones, personajes malvados, magia y misterio que se suavizó en su versión de dibujos animados por el público al que iba dirigida.

Aunque puede ser acusada de tener cierto enfoque retrógrado y con tintes machistas, hay que reconocer que para juzgarla debe hacerse desde su contexto.

La historia toca temas universales como la amistad, el amor, la supervivencia. Es posible que sea esa la razón por la que sigue siendo tan querida.

A lo largo de los años, ha habido ciertas críticas porque el final de la serie de dibujos no coincide con la del manga que dio su origen. Pero eso, si quieres averiguarlo, tendrás que animarte a leer uno y ver ( o volver a ver) la serie, que yo no soy muy amiga de hacer spoilers.

La novela fue escrita después. Keiko Nagita (pseudónimo de la autora) quiso ofrecer la oportunidad de vivir un final alternativo al que nos ofreció la serie, ya que muchos fans no estuvieron de acuerdo este.

Si quieres saber más, te animo a que investigues un poco y a que leas esta novela. 

Cuando lo hagas comparte conmigo en los comentarios tu opinión, me encantará leerte.

Por el momento, me quedo con la nostalgia de las tardes de niña frente al televisor con la merienda y esta rubia de grandes ojos y rizos revoltosos haciendo de las suyas.




LA VIRGULILLA

 Sí, esa rayita ondulada que convierte una sencilla n en Ñ. Una letra tan característica de nuestro idioma y, sin embargo, pocas personas conocen el nombre del símbolo que la acompaña.

Con esa extraña manía, que guardo desde la infancia, de personificar cosas, imagino la indignación que debe de sentir esa pequeña ola que marca una diferencia.

Y es que un Ñu, sería un Nu sin su virgulilla (¿qué animal querría llamarse Nu, que suena a ninguno?); no nos apaÑaríamos con ciertas cosas, nos apaNaríamos (que a mí me recuerda a estar empanados); tampoco ordeÑaríamos a las vacas, las ordeNaríamos..., que, oiga, nunca está de más tener las vacas organizadas (que se lo digan a los ganaderos).

El paÑal de un bebé sería un paNal... ¿Comeríamos miel en ese caso, o comeríamos miel-da? Espero que me perdonéis la vulgaridad, pero es que se me ha puesto a huevo la bromita.

Las caÑas peinarían de gris los campos llenos de caNas; Las monedas no se acuÑarían, las acuNaríamos con mucho cariño y protección ( y es que poderoso caballero es don dinero, es necesario que lo mimemos porque tal y como viene se va. De eso no hay duda).

Podría seguir así con tantas y tantas palabras, pero tampoco quiero aburrir al personal.

Tan solo animaros a recordar y llamar por su nombre a esa pequeñita que acompaña a nuestra Ñ, que bien se lo merece. No es fácil vivir a la sombra de otro sin ser reconocido.



viernes, 25 de abril de 2025

Leer con B

  LEER... Ha sido una de mis grandes pasiones desde que era niña. Devoraba cuentos, novelas. Con frecuencia me adelantaba a mi edad cronológica e intentaba leer y comprender textos que no parecían hechos para mí.

Fui a edad muy temprana a hacerme el carnet de la biblioteca de mi pueblo y no había semana que no pasara por allí en busca de nuevos libros. Recuerdo que me encantaba sentarme y sentir cómo aquellas enormes estanterías cargadas de historias y conocimientos estaban a mi alcance. Solo tenía que alargar la mano y hojear, siempre con cuidado y delicadeza.

Recuerdo que, con frecuencia, me imaginaba trabajando allí cuando fuera adulta. ¿Habría un lugar mejor en el que sentirme yo misma? Os adelanto que no, no me convertí en bibliotecaria. Pero sigo sintiendo que podría ser muy feliz con esa profesión.

Lo que sí continúo haciendo es leer y adquirir libros (aunque tenga una larga lista de "pendientes").

En este apartado de Pensamientos en plan B iré compartiendo parte de esta afición. No lo haré como tantos bloggers hacen, con reseñas claras, valoraciones y demás. Para eso tenéis otros muchos lugares donde buscar. Solo pretendo compartir como lectora títulos, fragmentos que me resuenen o alguna que otra reflexión.



PENSAR...

  Pensar... Sí, puede parecer tarea fácil. Todo el mundo piensa, con mayor o menor acierto. Y si es para opinar de algo o de alguien, entonces ya se arma un despliegue de palabras, que se convierten en frases, las cuales, a su vez, forman verdaderas retahílas de reflexiones.

Estas reflexiones pueden ser en voz alta, en grupo; también pueden ser monólogos o soliloquios. Opinar, juzgar, prejuzgar.

Ordenar los pensamientos ya no parece tan fácil. Ser consecuente con lo que piensas, tratar de no pasarte filtros de manera inconsciente.

Y es que las personas vamos cargadas de filtros, nos los empiezan a imponer desde la infancia. Mediante ensayo y error ya aprendemos que comportarse, hablar o pensar de una determinada manera nos llevará a ser aceptados por los demás. Entonces nuestra esencia genuina, quiénes somos al nacer, la espontaneidad, queda relegada al fondo de todo, detrás de esas máscaras que aprendemos a ponernos (una sobre la otra).

Ya de adultos creemos saber cuál es nuestra personalidad, aquello que nos identifica. Nos falta humildad para reconocer las verdaderas emociones, aquello que nos haría sentir vivos. Y vamos corriendo por la vida, de un lado para otro, persiguiendo objetivos que creemos que nos harán felices o nos harán sentirnos realizados. Pero no es así. Cuando consigamos un objetivo, enseguida llegará otro que nos atará una vez más a la incansable necesidad de seguir corriendo, de alcanzar la próxima meta.

Ahí, queridos amigos, estimadas amigas, es cuando más difícil nos será parar, dedicarnos tiempo a nosotros, a sentir, a emocionarnos, a disfrutar... A hacer un "nada" que creemos que es inútil e improductivo.

¡Qué equivocados y equivocadas estamos!

Este será mi rinconcito de pensar, pero no con el cerebro, de pensar con el corazón. De volver a mi esencia, de redescubrirme e invitaros a reencontraros con vuestro yo más profundo.

Pasad, tomad asiento. Esta es vuestra casa.

PUNTOS SUSPENSIVOS

 Siempre me han gustado los puntos suspensivos... Alguna vez me han insinuado que puedo abusar un poco de ellos. Si aquí, en mi rinconcito, me ocurre, me lo vais a tener que perdonar. No voy a ponerme límites ni restricciones, que una ya pinta canas y de lo que más ganas tiene es de hacer... "Lo que le dé la gana".

Los puntos suspensivos tienen un halo de misterio, de suspense. Como cuando estás esperando que ocurra algo importante en la escena de una película.

Me saben a antelación, a esos eternos segundos previos a un beso, al último roce de unas manos en una despedida que no se sabe cuánto se alargará en el tiempo.

Me huelen a nostalgia, a recuerdos de infancia. Aquellos que te gustaría revivir aunque sepas que no va a ser posible,

Son sedosos, aterciopelados y seductores.

Cada noche, antes de dormir, exhalo unos puntos suspensivos que me acompañan en mi descanso...


Con B de Bea

 Este blog surge una tarde con la mera intención de enseñar a mis alumnas cómo se crea este tipo de web de manera sencilla ( o no tanto, según la soltura que una persona tenga con la tecnología y la navegación).

No voy a negar que he pensado muchas veces en crearlo. Siempre ha habido razones, motivos o excusas para aplazar el momento.

Ahora ha surgido la oportunidad de que vea la luz y me gustaría pensar que lo aprovecharé para mis reflexiones, mis pensamientos y, ¿por qué no?, compartir algunos pedacitos de mí con quien quiera.

Si has llegado hasta este rinconcito, te invito a pasar. Siéntete como en tu casa. Eres libre de leer y comentar. Estaré encantada de conocerte.










CANDY CANDY

 Este es el momento en el que más de una persona me catalogue de cursi. ¿Candy, en serio? La mayoría de adultos de mi generación recordaran ...